Emiliano Lucero es un médico argentino que, desde hace dos semanas, trabaja con Médicos sin Fronteras en el campamento de Dadaad, en Kenia. BBC Mundo recogió algunas de sus experiencias en esta atribulada área del planeta.
"El otro día, vi una carreta tirada por un burro que transportaba un contenedor con agua. A los pobres se les cayó el agua al suelo.
"¿Sabés lo que significa eso? Que tienen que volver hasta el tanque a ver si hay agua, y regresar con unos veinte litros con los que esta gente tiene que beber, cocinar, y lavarse".
El médico Emiliano Lucero no es extraño al dolor de África. Su labor con Médicos sin Fronteras lo ha llevado a Angola, Sudán, Etiopía y Uganda.
Según Lucero, la vista no alcanza a abarcar el mar de carpas que forman las 400.000 personas que viven en Dadaab, este campamento en territorio keniano, al que no le faltan residentes desde hace veinte años.
Los recién llegados, aquellos que consiguieron derrotar el hambre y la sed, aparte de la violencia de género, las violaciones y los robos en el camino, arriban a tres campamentos: Ifo, Dagahaley y Hagadera.
Entre los que consiguen llegar, los más vulnerables son, como siempre, los niños, los ancianos y las mujeres embarazadas. La vulnerabilidad da lugar a todo tipo de extrañas reacciones, como nos cuenta el doctor Lucero.
"La escasa comida, muchas veces, hace que se compita por el alimento dentro de las mismas familias. El hermano más fuerte come más que el más joven; en otros casos, los padres se quedan sin comer para darles algo más a los chicos."
Según la rápida evaluación hecha por Médicos sin Fronteras, casi un 38% de los recién llegados sufre de desnutrición aguda. Esta misma evaluación encontró que un 44% de los niños de entre cinco y diez años padece de algún grado de desnutrición.
"Y ésa es la bronca: ver que un niño es atendido por nuestros funcionarios de salud y, poco tiempo después, que se muera de una diarrea, una enfermedad absolutamente evitable", afirma el argentino de médicos Sin Fronteras.





"Acá da el sarampión y el sarampión mata. Mata porque los chicos están desnutridos, no tienen acceso a alimentos ni agua. El problema real es que se trata de gente que huye, que tiene que abandonar su tierra, irse a la tierra de otros a comenzar de cero y a vivir en un desierto. Incluso si las condiciones climáticas cambiaran, nos dice, tampoco implicaría un gran cambio cualitativo en la vida de estos refugiados. "Llueve, se pasa la sequía y el asunto se va de los diarios, ¿y qué? Esta gente sigue viviendo acá o se va caminando de vuelta a Somalia, donde el conflicto sigue, sin ayuda humanitaria".

REFUGIADOS EN KENIA ESCALOFRIANTE REALIDAD